Cosechando la Mirada Masculina

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Todos sabemos sobre la mirada masculina y la resultante sexualización del cuerpo femenino. La acusación estándar es que nosotros los hombres estamos escaneando nuestro ambiente por mujeres pasivas para pervertir, un acto que reduce a las mujeres de seres humanos complejos a simples objetos sexuales para nuestro placer. La siguiente definición del Diccionario de Referencias de Oxford representa la visión usual de que la mirada masculina, o al menos la que promueven activamente las feministas:

Mirada Masculina

1. Una manea de tratar a los cuerpos de las mujeres para ser observados, lo cual es asociado por feministas con la masculinidad hegemónica, en la vida diaria en cada interacción social y en relación con su representación visual en los medios: [vea también cosificación].

Lo que se destaca de estas definiciones de la mirada masculina es la agencia de los hombres: los hombres “tratan” a los cuerpos de las mujeres, “observan”, los cuerpos de las mujeres, y instauran “heremonía” sobre los cuerpos de las mujeres – una cosa impensable que le quita a las mujeres agencia de acuerdo a la crítica de cine feminista que creó la expresión “la mirada masculina”1

Pero de ser así, las mujeres siempre son las víctimas pasivas de las miradas violadoras, ¿o están jugando una parte en  provocar a esas miradas en los hombres? ¿Podría ser que ellas son agentes provocadoras en un juego que inician y en gran medida controlan? Yo creo que la mayoría de la gente, al menos aquellos que no viven en negación, saben la respuesta a esa pregunta es un gran si.

Las horas y años gastados probándose ropas diferentes, y ensallando posturas o gestos de las manos en frente de un espejo – tocándose la cara, poniéndolas en sus caderas o en sus labios o ligeramente arriba de sus senos; o practicando gestos faciales – las sonrisas, los labios apretados, inclinar la cabeza, tocarse el pelo y las miradas, todo diseñado para cosechar la mirada de blancos hombres quienes no sospechan nada.

¿Podría ser que a través de un repertorio altamente cultivado de gestos y poses de mujeres poseen una agencia enorme y que los hombres sirven como blancos pasivos con poca agencia aparte de reacciones sin procesar?

Ya sea el caso de que primero necesitamos deshacernos del mito de que las mujeres son víctimas de este juego tan viejo, para lo cual voy a dar unas técnicas para cosechar la mirada masculina empleadas por las mujeres, una lista que puede fácilmente ser expandida al añadir sus propias observaciones sobre trucos de cosecha.

A continuación aquí hay algunas técnicas que las mujeres habitualmente usan para cosechar una reacción en movimiento, cada una envuelve a una mujer actuando y a veces agresivamente al ponerse en el rango de tus sentidos:

Giro y Giro

La mejor forma de describir esto es un giro del cuerpo en forma gentil de lado a lado, con frecuencia con las manos juntas en frente, para dar una imagen de exuberancia infantil como niñas pequeñas. A pesar de que esto parece ser un comportamiento apropiado para niñas de cinco años, el giro y giro no es algo para cosechar la mirada femenina – ella emplea esto para interrumpir el campo de la mirada masculina con un movimiento repentino, un gesto suficiente para ganar su atención y le permiten “escanear” su cuerpo.

El Bloqueo

Esto sucede cuando eres el blanco de una mujer quien quiere que tú te tomes tu tiempo para absorber su presencia. Ella va a pararse en una puerta, en medio del camino, o en un pasillo en una tienda a veces alludad por un carrito de compra el cual ella deja puesto estratégicamente en el pasillo. Si se hace bien, esto te fuerza a interactuar: “Disculpe yo moveré su carrito de modo que yo pueda pasar,” para lo cual ella responde “Oh, lo lamento,” mientras te muestra sus partes más atractivas – su vestido favorito, su cabello bien lavado, o la sonrisa por la cual ella fue famosa en el colegio.

El Asalto de Color

La práctica de usar colores que atraen la mirada es una técnica favorita, con el mensaje inequívoco de ¡VAS A MIRARME! Se fueron los colores pastel del año pasado, y entran los colores llamativos y directos diseñados para atraer la atención quien entra en el cuarto o cuando camina por la calle. Y no es sólo la ropa – la práctica se extiende al color del pelo, sombrero, , chal y bufanda se han vuelto igualmente llamativas, con las usuarias conformándose con nada menos que molestar a todos los ojos en el sector.

La Exclamación

La exclamación es usada en el momento en el cual en que un blanco masculino llega al alcance de su oído, y con frecuencia se usa en la forma de una pequeña muestra de sorpresa; “¡Oh, casi me desmallo!” declara una mujer al aire, o “Dios mío hoy hace calor” con la esperanza de que un total desconocido empiece a mirar en la dirección de la voz y, con suerte, siga con la conversación.

La exclamación también puede aparecer como un hablar en voz baja sobre algo en el momento preciso. Esta es una técnica favorita  y es normalmente usada en la forma de una pregunta o una declaración que necesite una respuesta, tal como cuando ella está cerca de la oreja del hombre correcto en un pasillo de una tienda y con frustración murmulla supuestamente para ella, “No puedo encontrar la lata de espagueti, ¿las habrán cambiado de lugar?” o “¡Espero que hoy tengan pan fresco!” de modo que el hombre que pasa por ahí escuche y se sienta motivado a responder.

Caminata de Mírame:

Caminar hermosamente, proyectando una imagen de autosuficiencia con una mirada de yo-no-necesito-un-hombre, la caminante ha dominado el arte de aparentar estar desinteresada en la atención de los demás, mientras hace una demostración física de brazos que se columpian, tacones que suenan fuerte, una vestimenta que atrae la atención y un mentón-en-el-aire que hace que los hombres la miren una segunda vez. Esta rutina generalmente hecha en un distrito de negocios donde ella asiduamente escanea las ventanas de las tiendas para capturar todas las miradas masculinas reflejadas que su caminata empoderada sueña capturar. Su habilidad para usar las ventanas de las tiendas para mirarse a si misma y las caras reflejadas de aquellos que la miran se ha convertido en un arte que le permite mirar a los costados y no caerse cuando tiene poca atención en el camino.

El Incremento de Volumen

Esta técnica cosechadora de mirada sucede cuando estás caminando hacia una mujer que sucede ser una de las chicas quienes desean que tu mirada se dirija a ellas como un láser de un rifle de francotirador, ella de repente sube el volumen de la conversación que está teniendo, o se ríe muy muy fuerte, con frecuencia causando la sorpresa de su amiga quien no ha visto el propósito de esto. Tan ridículo como esto aparente ser a su amiga, ella sin embargo ha tenido éxito en atraer esos ojos de miradas sucias incluso si un tipo que está simplemente caminando se sintió atraído hacia el ruido repentino.

El Accesorio

Las mujeres utilizan accesorios para llamar la atención – un perro, un bolso, un niño o lo que sea que esté a la mano. El bolso se puede balancear o revisarlo en forma tal que capture la atención de la persona más ciega en la habitación. De la misma forma, los niños pueden ser, consentidos o castigados justo cuando un hombre camina cerca, en ese momento la madre dice “Que ese hombre tan lindo no te vea comiendo dulces” o “No te pongas en el camino de ese hombre tan lindo o te vas a lastimar.”

Algunas mujeres declaran que la mejor forma de conocer a un hombre es comprar un perro y llevarlo a una caminata, donde vas a conocer a un hombre guapo ya quien está paseando a su perro o tal vez está caminando sólo. Si se hace bien, ella sabe que su perro va a seguir la tentación irresistible de interactuar con el perro del hombre, y tiene el bono que las correas podrían enredarse. En esta escena ella gana los ojos de él, y con suerte su conversación… ¿Se van a casar?

Gesticulando

Las mujeres son particularmente adeptas en usar movimientos físicos para ganar la mirada masculina. Los muchos movimientos y las posturas de los brazos, la mano puesta en el lugar estratégico del pecho, del muslo, del estómago y las puntas de los dedos extendidas para tocar varias partes del cuerpo o de la cara – el mentón, los labios, el escote. O consideren peinar, mover, o hacer rulos con el pelo, y los movimientos delicados, las miradas de los ojos, todo diseñado para forzar una interacción por parte del cosechado.

El Inclinarse

Lo que Sheryl Sandberg no ha admitido es que las mujeres se han estado inclinando durante milenios – con su escote. Ellas hacen esto por las mismas razones por las que Sandberg declara – para obtener un aumento de sueldo, una promoción, más dinero, estatus y matrimonio. Tal vez lo que Sandberg entiende inconscientemente al usar esa expresión-inclinarse – el viejo truco de mostrarle los senos. ¿A qué otra cosa se refiere con “inclinarse”?

Sin embargo, no sólo sucede en la reunión de trabajo o en la entrevista de contratación con el oficial de Recursos Humanos. Igualmente sucede en el bar, en el gimnasio, en el concierto y en el Mall, lugares donde las mujeres puden obtener in aumento sin siquiera pedir uno, al menos no pedirlo en forma verbal. Todo lo que tiene que hacer es inclinarse para obtener la atención que ella quiere.

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¿Notaste algo sobre estas técnicas? Son las mismas usadas por quienes trabajan en ventas, como las que usan los que venden productos en un Mall, quienes rebotan en una cama rebotadora, giran una pluma o bailan mientras el comprador inocente en su dirección sólo para ser asaltado por un show de colores y movimiento. Pero en lugar de vender un producto, la mujer que cosecha la mirada quiere que tú la desvistas con tu mirada, una señal de que las técnicas tienen poder sobre tí para que ella pueda obtener ganancias narcisistas o materiales.

La próxima vez que te encuentres en esa situación, intenta agarrar un poco de agencia verdadera para mirar hacia otro lado de la cosechadora y disfruta de la comedia ya que ella se enfurece de que tú te rehúses y ella va a intentar salvar su esfuerzo fallido con más fuerza, velocidad, y en una forma más obstruyente.

Verás, la verdadera falta de agencia aparece cuando los sentidos de un hombre son violado por una llegada de estímulos sensoriales, un bombardeo que llega de los planes egoístas de alguien sobre lo que tú deberías estar mirando.

Referencias:

[1] Laura Mulvey is credited with coining the phrase ‘The Male Gaze’ in her 1975 article Visual pleasure and narrative cinema.

https://www.avoiceformen.com/sexual-politics/m-g-t-o-w/harvesting-the-male-gaze/

 

Línea de Tiempo de la Cultura Ginocéntrica

La siguiente línea de tiempo ilustra detalladamente el nacimiento de la cultura ginocéntrica junto con los eventos históricos significativos que aseguraron su supervivencia. Antes del año 1200 d.C., simplemente no existía una cultura ginocéntrica ampliamente extendida, a pesar de la evidencia que existe de actos y eventos ginocéntricos aislados. Fue tan sólo hasta la Edad Media que el ginocentrismo desarrolló una complejidad cultural y se volvió una norma cultural ubicua y duradera.

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1102 d.C.: El meme del Ginocentrismo es introducido por primera vez

Guillermo IX, Duque de Aquitania, el señor feudal más poderoso de Francia, escribió los primeros poemas de trovador y es ampliamente considerado como el primer trovador. Separándose de la tradición de luchar guerras en nombre del hombre, del rey, de Dios y del país, se dice que Guillermo tenía la imagen de su señora pintada en su escudo, a quien él llamaba midons (mi Señor) diciendo que “era su deseo llevarla en batalla, así como ella lo había cargado a él en la cama.” (1)

1168 – 1198 d.C.: El meme del Ginocentrismo se elabora, recibe patrocinio imperial

El meme del ginocentrismo se populariza aún más y recibe patrocinio de la nieta de Guillermo, la Reina Eleonor de Aquitania, y de la hija de ésta, Marie (2). En la corte de Eleonor, en Poitiers, ella y Marie terminaron el trabajo de adornar el código militar cristiano de caballería con un código de amantes románticos; con ello pusieron a la mujer en el centro de la vida cortesana, y al amor en el trono de Dios mismo – y al hacerlo, cambiaron la cara de la caballería para siempre. Los eventos claves son:

– 1170 d.C.: Eleonor y Marie establecieron las Cortes de Amor formales, presididas por ellas mismas y un jurado de 60 mujeres de la nobleza, quienes investigaban y pasaban sentencias en disputas de amor de acuerdo al nuevo código que gobernaba las relaciones entre géneros.

– 1180 d.C.: Marie encomienda a Chrétien de Troyes para que éste escriba Lancelot, El Caballero de la Carreta, una historia de amor sobre Lancelot y Guinevere en la que se elaboraba la naturaleza de la caballerosidad ginocéntrica. Chrétien de Troyes abandonó este proyecto antes de completarlo porque se oponía a la aprobación implícita que recibía la relación adúltera entre Lancelot Y Guinevere que Marie le había mandado escribir. Pero la aprobación de la leyenda era irresistible – poetas posteriores completaron la historia en representación de Chrétien, quien también escribió otros romances famosos, incluyendo Eric y Enide.

– 1188 d.C.: Marie ordena a su capellán Andreas Capellanus escribir El Arte del Amor Cortesano. Esta guía de los códigos caballerescos de amor romántico es un documento que podría pasar como contemporáneo en casi todos los aspectos, excepto por las conjeturas y estructuras de clase anticuadas. Muchos de los consejos en el “libro de texto” de Andreas venían evidentemente de las mujeres que habían mandado realizar el escrito (3).

1180 – 1380 d.C.: La cultura ginocéntrica se expande por Europa

En doscientos años, la cultura ginocéntrica salió de Francia para instituirse en todas las principales cortes de Europa, y de ahí llegó a capturar la imaginación de hombres, mujeres y niños de todas las clases sociales. De acuerdo a Jennifer Wollock (4), la continua popularidad de las historias de amor caballerescas también se confirma por los contenidos de las bibliotecas de mujeres de la Edad Media tardía, literatura que tenía un substancial público femenino, incluyendo a las madres que les leían a sus hijas. Aparte del creciente acceso a la literatura, los valores de la cultura ginocéntrica se difundieron a través de la interacción diaria entre la gente en la que creaban, compartían y/o intercambiaban la información y las ideas.

1386 d.C.: Se forma el concepto Ginocéntrico de “caballero”

Acuñado en los años de 1200, la expresión “Hombre Gentil [Gentil man en inglés]” pronto se volvió sinónimo de caballería. De acuerdo al Diccionario Oxford la palabra gentleman llegó a referirse a “un hombre con instintos caballerescos y buenos sentimientos” en 1386. Por lo tanto, gentleman implica un comportamiento caballeresco y sirve a su vez como su sinónimo; un significado que perdura hasta nuestros días.

1400 d.C.: El comienzo de la Querelle des Femmes

La Querelle des Femmes o la “controversia femenina” técnicamente tuvo su comienzo en 1230 d.C. con la publicación del Romance de la Rosa. Sin embargo, fue la autora francoitaliana Cristina de Pizán quien en 1400 d.C. llevó la discusión prevalente sobre las mujeres a un debate que continúa resonando en la ideología feminista de hoy en día (aunque algunos autores afirman, de manera poco convincente, que la querelle llegó a su fin en los años de 1700). El tema básico de esta controversia de siglos giraba, y continúa haciéndolo, alrededor de la defensa de los derechos, del poder y del estatus de las mujeres.

Siglo 21: El Ginocentrismo continua

La cultura del ginocentrismo, que ya cumple 800 años, continúa gracias a la ayuda de los tradicionalistas, ansiosos de preservar las costumbres, las maneras, los tabúes, las expectativas y las instituciones ginocéntricas, con las cuales tienen tanta familiaridad; y también con la ayuda de feministas que continúan encontrando nuevas y a menudo novedosas maneras de incrementar el poder de las mujeres con la ayuda de la caballerosidad. El movimiento feminista moderno ha rechazado algunas costumbres caballerescas tales como abrirle la puerta del carro a una mujer, o cederle el puesto en el bus; sin embargo, continúan apoyándose en “el espíritu de la caballerosidad” para obtener nuevos privilegios para las mujeres: abrir la puerta de los carros se transformó en abrir la puerta en universidades o empleos a través de la discriminación positiva; y ceder el asiento en buses se transformó en ceder los asientos en juntas directivas y en partidos políticos a través de cuotas. A pesar de las diversas metas, el ginocentrismo contemporáneo sigue siendo un proyecto para mantener e incrementar el poder de las mujeres con la ayuda de la caballerosidad.

Fuentes:

[1] Maurice Keen, Chivalry, Yale University Press, 1984. [Nota: 1102 d.C. es la fecha atribuida a la escritura de los primeros poemas de Guillermo].

[2] Las fechas 1168 – 1198 cubren el periodo que empieza con la época de Eleonor y Marie en Poitiers hasta la fecha de la muerte de Marie en 1198.

[3] Jeremy Catto, Chivalry: The Path of Love, Harper Collins, 1994.

[4] Jennifer G. Wollock, Rethinking Chivalry and Courtly Love, Praeger, 2011.

Gynocentrism 1:0, 2:0, and 3:0

The following text comes from a discussion in which poster Snir cites an economics-based motivator for modern gynocentric behavior of women, which is followed by my response suggesting a timeline of the historical evolution of gynocentric behavior. – PW

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Snir wrote:

I summarise the situation thus;

Developed economy with service industry –> women can enter labour force –> women gain financial independence from men –> (1) creates demand for more rights vis-a-vis men because there is no longer a trade-off and (2) renders women free to pursue their hypergamy

–> hence a change in social mores (feminism wants to give women the licence to engage in vagarious and capricious behaviour without consequence) and decline in marriage.

That rings true. I’d call that development gynocentrism 3:0 (just for fun).

Gynocentrism 1:0 is the bare bones instinctual behavior of our hominid ancestors, with various cultural accents appearing all the way forward to about the Middle Ages where a confluence of factors came together, for the first time, to create →

Gynocentrism 2:0, arising from an intersection of Arabic practices of female worship, European aristocratic trends, the Marian cult, and the imperial patronage of Eleanor of Aquitaine and her daughter Marie De Champagne who elaborated the military notion of chivalry into a notion of servicing ladies, a practice otherwise known as ‘courtly love.’

Courtly love was enacted by minstrels, playrights and troubadours, and especially via hired romance-writers like Chrétien de Troyes and Andreas Capellanus who laid down a mode of romantic fiction that is still the biggest grossing genre of literature today. That confluence of factors (and others I haven’t mentioned) created a cluster of supernormal stimuli, embedded as cultural conventions which drove gynocentrism to the extremes we have today, which was added to by one significant factor →

Gynocentrism 3:0, which is the economic overlay that you’ve described above Snir… the one which, in combination with the contraceptive pill, made the perfect storm even more perfect from the point of view of giving female hypergamy more motility.

(PS. I don’t really see it all in such simple 1/2/3:0 terms, but it serves for a small post like this).

El Matrimonio es esclavitud

By Peter Wright (translation by Andres Bolaños)

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El matrimonio moderno evolucionó de un ritual histórico diseñado para contratar esclavos para los señores, aunque la mayoría de la gente ha olvidado su historia. Sin embargo, muchos de los comportamientos y rituales que son centrales en esta historia se pueden todavía discernir en el matrimonio moderno.

grooms_wedding_ring-02Se piensa que la práctica de intercambiar anillos de boda se extiende muy atrás en la historia antigua, y se ha encontrado evidencia de ese ritual en el Antiguo Egipto, Roma, y en diferentes culturas religiosas. Sin embargo, nuestra práctica moderna de anillos de bodas tiene un origen y un significado distinto, uno que podría ocasionar un estremecimiento en más de una persona. Como se sugiere en el blog Society of Phineas, el anillo funciona como un contrato feudal entre el hombre y su esposa:

“El anillo funciona como una prueba de habilidad en el juramento del vasallo a su esposa. Esto es cierto si se tienen en cuenta las expectativas tradicionales de la cantidad de recursos que han de utilizarse en comprar el anillo junto con los gastos del día de la boda. En este ambiente ginocéntrico, es un sacrilegio total no darle a la mujer su Anillo Único u ofrecerle uno que esté por debajo de los estándares de ella y de sus amigas. Ella utiliza su Anillo Único como prueba social de su estatus en el Equipo Mujer (es una competencia parecida a los regalos del Día de San Valentín), ya que ella no dudará lucirlo tanto como sea posible cuando lo consigue, si es que éste obtiene su aprobación.” (1)

Esta opinión encuentra apoyo en académicos medievalistas quienes muestran el origen de nuestro ritual de intercambio de anillos en primitivas fuentes literarias o en representaciones artísticas de la Edad Media. H.J. Chaytor, por ejemplo, escribió “El amante era colocado en su posición por la dama, hacía un juramento de fidelidad para con ella y recibía un beso para sellarlo, un anillo, o alguna otra posesión personal.” La Profesora Joan Kelly nos ofrece un resumen de la práctica:

“Un beso (como el beso de homenaje) sellaba el juramento, se intercambiaban los anillos, y el caballero entraba al servicio de su dama. El representar el amor en los términos del vasallaje tenía varias implicaciones liberadoras para las mujeres aristocráticas. Las más fundamentales, la ideas de homenaje y mutualidad, se introdujeron en la noción de las relaciones heterosexuales junto con la idea de libertad. Como se simbolizaba en los escudos y en otras ilustraciones que colocaban al caballero en actitud ritual de mención, arrodillándose ante su dama con sus manos dobladas entre las de ella, el homenaje significaba servicio masculino, no la dominación ni subordinación de la dama, y significaba también fidelidad, constancia en ese servicio.” (2)

155190-425x282-istock_000018156233xsmallComo en la descripción ofrecida por Kelly, los hombres continúan poniéndose sobre una rodilla y no tienen problema en demonstrar humildad declarando que la boda es “el día de ella”, traicionando el origen y la concepción del matrimonio al hacerla, en su estructura más feudal que cristiana. Con gestos como ese, es obvio que el matrimonio moderno está basado en los primeros rituales feudales conocidos como “ceremonia de mención” o “de elogio” en la que se crea un lazo entre el señor y su guerrero (es decir, su vasallo). La ceremonia de mención está compuesta de dos elementos, uno que es realizar el acto de homenaje y el otro que es un juramento de vasallaje. Para el juramento de vasallaje, el vasallo colocaba sus manos en la Biblia (como aún se practica) y juraba que nunca lastimaría a su señor en ninguna forma y que le sería fiel. Una vez que el vasallo había hecho el juramento de vasallaje, señor y siervo entraban en una relación feudal.

Como este contrato arcaico sigue en vigencia en nuestros matrimonios contemporáneos, también podríamos cuestionar los conceptos típicos de obediencia entre marido y mujer. En las antiguas ceremonias cristianas, la mujer a veces juraba amar, estimar y “obedecer” a su esposo. Sin embargo, como estaba enmarcada dentro de una relación de tipo feudal, la obediencia de la mujer estaba fuertemente compensada e incluso revertida en la práctica porque ella tendía a ser quien tenía el poder en relación al hombre. En este último caso, la mujer, como la figura más poderosa, simplemente obedece –si es que obedece del todo– a sus responsabilidades como un gentil señor feudal de su esposo. Es importante notar que en este caso se cambia la noción de patriarcado benévolo a un ginocentrismo amable que las feministas tratan de promover como amoroso, pacífico, e igualitario.

El servicio de amor

El modelo Medieval de servicio a un señor feudal fue transferido en su totalidad a relaciones de “servicio de amor” de los hombres a las mujeres. Dicho servicio es la marca distintiva del amor romántico y es caracterizado por la deferencia que el hombre le profesa a la mujer, quien es vista como superior moral. Durante ese periodo, los hombres se referían a las mujeres como domnia (rango dominante), midons (mi señor), y después como dame (autoridad respetada), términos que tienen su raíz en el latín dominus que quiere decir “señor”, o “dueño”, particularmente de esclavos. El experto en lenguaje Medieval Peter Makin confirma que los hombres que usaban estos términos debieron ser conscientes de lo que estaban diciendo:

“Guillermo IX llama a su dama midons, que he traducido como ‘mi Señor’… Estos hombres sabían latín y debieron ser conscientes de su origen y peculiaridad; de hecho, era claro que eran sus emociones y expectativas colectivas las que suscitaban lo que solía ser una metáfora del ámbito del señorío, de la misma manera que el proceso de creación colectiva de metáforas establece ‘bebé’ como un término para referirse a una novia, y que crea y transforma el lenguaje constantemente. Así mismo, al saber que don, ‘señor’, también se usaba para referirse a Dios, ellos debieron haber sentido alguna conexión con la adoración religiosa.” (3)

Recapitulación

Recapitulemos las prácticas que estaban asociadas con el ritual de dar anillos de bodas:

1. Genuflexión: el hombre se coloca sobre una rodilla para proponer matrimonio.
2. Símbolo de mención: se intercambian los anillos.
3. El beso de vasallo: se representa en la ceremonia.
4. Homenaje y vasallaje: implícito en los votos matrimoniales.
5. Sumisión: “Es el día de ella”.
6. Servicio: el hombre se dispone a trabajar para su esposa por el resto de su vida.
7. Desechabilidad: “Moriría por ti”.

¿Es de extrañar que las mujeres sientan tantas ganas de casarse y que los hombres estén rechazando el matrimonio en bandadas? El modelo feudal revela exactamente en qué se están metiendo los hombres a través de esa pequeña banda dorada –un compromiso de por vida con una mujer que está culturalmente preparada para actuar como nuestro señor. Mientras más hombres se dan cuenta de esta farsa, más escogerán rechazarla, y para aquellos que aún consideran casarse, los aliento a que lean este artículo una segunda vez; su habilidad de conservar o perder su libertad depende de ello.

[1] Website: Society of Phineas
[2] Joan Kelly, Women, History, and Theory, University of Chicago Press, 1986
[3] Peter Makin, Provence and Pound, University of California Press, 1978

El otro Mito de la Belleza

By Peter Wright (translation by Andres Bolaños)
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En 1991, Naomi Wolf escribió El Mito de la Belleza [The Beauty Myth] en el que afirma que las mujeres son oprimidas por la presión cultural de ser hermosas. Lo que le falto decirnos es dónde se originó este hábito, y cómo se utiliza esencialmente para ganar poder sobre el sexo masculino.

En los seres humanos, diferentes compulsiones y deseos están en conflicto entre sí, cada uno atropellando a los otros por lograr la supremacía momentánea en la que un imperativo usurpa los derechos del otro. Dicho juego ha alcanzado un punto muerto durante los últimos 800 años porque, durante ese periodo de tiempo relativamente corto, la cultura humana ha enfocado su apoyo a desarrollar, intensificar e imponer el uso de prácticas dudosas en el ámbito sexual, hasta el punto en el que nuestras compulsiones sexuales parecen infladas con esteroides y llevadas hasta extremos nunca antes vistos en la sociedad humana (a pesar de los mitos sobre difundidas orgías romanas). La obsesión con la belleza de las formas femeninas son parte importante del problema.

Si viviéramos en la Antigua Grecia, Roma o en cualquier otro sitio, veríamos al coito como a cualquier otra función corporal, parecida al comer, defecar o dormir –una función corporal básica sin toda la publicidad que se le hace. Sin embargo, después de la Edad Media, se convirtió en un producto que se podía explotar y con el que se podía negociar, y el culto del romance sexualizado que surgió de él resultó en una frustración de nuestras necesidades de apego más básicas –una frustración instigada y secundada por las instituciones sociales que colocaban la manipulación sexual en el centro de las interacciones humanas. Este desarrollo atrincheró una nueva creencia según la cual la belleza era una posesión original de las mujeres, y solamente de ellas, y que en cambio el deseo de poseer esa belleza pertenecía sólo a los hombres, creando así una división entre los sexos que perdura hoy en día.

Comparemos esta división con las creencias de otras culturas –India, Roma, Grecia, etc. – y veremos un fuerte contraste, en el que las culturas clásicas asignaban la belleza equitativamente a los hombres y el deseo sexual a las mujeres. En la Antigua Grecia, por ejemplo, los hombres dejaban crecer su cabello y lo peinaban con veneración, untaban aceite de oliva sobre su piel y ponían mucha atención a su atuendo –los colores de la toga, los materiales con los que estaba hecha, la manera como envolvía el cuerpo –y tal vez no hay cultura moderna sobre la Tierra en la que la belleza masculina era celebrada de manera más asombrosa en las artes que la Griega.

Otro ejemplo viene del Cantar de Salomón, en el que la apreciación de la belleza y su añoranza fluía en ambas direcciones entre el hombre y las mujeres, mientras que en el amor romántico la belleza sólo es atribuida a la mujer, y el deseo sólo al hombre –los papeles están divididos radicalmente. Además, en el Cantar de los Cantares no hay ninguna evidencia del arreglo ginocéntrico; el hombre no aparece como vasallo de las mujeres, quienes son tanto Señores como deidades. Para los amantes del Cantar de los Cantares ya existe un Dios, así que no hay adoración de la mujer como una cuasi-divinidad que puede redimir la patética existencia del hombre –como si sucede en el amor “romántico”.

Según Robert Solomon, el amor romántico requería un cambio dramático en el auto-concepto de las mujeres. Este autor cuenta:

Ellas también fueron liberadas de una identidad que dependía exclusivamente de sus roles sociales, es decir, de sus lazos consanguíneos y legales con los hombres, como hijas, esposas y madres. Fue en este periodo de la historia cristiana en el que la apariencia adquiere una importancia de primer orden, en el que ser hermoso importaba para todo, no sólo como un rasgo atractivo en una hija o en una esposa (que probablemente no contaba para mucho de todas maneras), sino como una señal de carácter, estilo, personalidad. Un buen acicalamiento, en vez de las propiedades, llegó a definir a la mujer individual, y su valor, que ya no dependía de su padre, esposo o hijos, ahora se concentraba en su apariencia. La prima se le otorgaba entonces a la juventud y a la belleza, y aunque algunas mujeres hayan, incluso entonces, condenado este énfasis como injusto, al menos constituía la primera ruptura con una sociedad que, hasta ese momento, dejaba poco espacio para la iniciativa personal o el avance individual. Podríamos decir que el prototipo de la Playmate de Playboy ya había sido creado hace ochocientos años, y no requería, como mucha gente ha defendido recientemente, de las páginas centrales de Hugh Hefner para hacer de la juventud, de la belleza y de una cierta vacuidad virtudes personales altamente estimadas. El problema es el porqué seguimos teniendo dificultades para superar todo esto sin, como lo hicieron algunos Platonistas, despreciar la belleza totalmente –el error opuesto. [1]

Modesta Pozzo escribió un libro en los años de 1500 titulado El Valor de las Mujeres: su Nobleza y Superioridad sobre los Hombres. [The Worth of Women: their Nobility and Superiority to Men]. Esta obra supuestamente registra una conversación entre siete mujeres de la nobleza veneciana que explora casi todos los aspectos de la experiencia femenina. Uno de los temas explorados es el uso de cosméticos y de la ropa por parte de las mujeres para intensificar la belleza, incluyendo la tintura del cabello, para la que hay veintiséis recetas diferentes. La siguiente es la voz de Cornelia, quien explica que el deseo sexual de los hombres hacia las mujeres (y el control que las mujeres tienen sobre ese proceso a través de la belleza) es la única razón por la que los hombres pueden amar:

“Pensando en ello directamente, ¿qué tema podemos encontrar que sea más digno y más adorable que el de la belleza, la gracia y las virtudes de la mujer?… Yo diría que una forma corpórea externa perfectamente compuesta es lo más digno de nuestra estima, puesto que es esta forma externa visible la que se presenta primero ante el ojo y nuestro entendimiento: la vemos e inmediatamente la amamos y la deseamos, empujados por un instinto incrustado en nosotros por la naturaleza. No es debido a que los hombres nos aman que llevan a cabo todas estas demostraciones de amor y de devoción imperecedera, sino porque nos desean. Por lo que en este caso el amor es el retoño, el deseo su progenitor, o, en otras palabras, el amor es el efecto y el deseo es la causa. Y como quitar la causa significa quitar el efecto, eso quiere decir que los hombres nos aman en tanto nos desean, y una vez que el deseo, que es la causa de su amor banal, ha expirado en ellos (ya sea porque han obtenido lo que querían o porque se dieron cuenta de que no pueden obtenerlo), el amor, que es el efecto de esa causa, muere exactamente al mismo tiempo.” [Escrito en 1592]

Cavalier 1964Lo que me parece más interesante es que, desde la Edad Media, como es evidente en las palabras de Cornelia, hemos mezclado colectivamente el amor masculino con el deseo sexual como si ambos fueran inseparables, y con la habilidad de las mujeres para controlar ese “amor” masculino a través de la hábil cultivación de la belleza. Se podría perdonar que uno rehusara creer que esto es siquiera amor, y que en vez de eso sea la creación de un deseo intenso de satisfacción del placer sexual debido a la atracción hacia la belleza. Al observar detenidamente, se puede ver que el “amor” generado por el sexo no necesariamente lleva a la compatibilidad entre las parejas en un amplio espectro de intereses, y puede ocurrir entre gente que, además de la atracción sexual, son totalmente incompatibles, con casi nada en común, por lo cual la relación a menudo se deteriora tanto cuando empieza a haber ciertos vacíos en el juego sexual.

Esto plantea la idea alternativa del amor basado en compatibilidad, en lo que podemos llamar “amor basado en amistad” que no está basada únicamente en el deseo sexual –de hecho para este tipo de amor el deseo sexual ni siquiera es esencial, aunque a menudo esté presente. El amor basado en la amistad tiene que ver con intereses comunes que la pareja comparte, con encontrar un alma compatible y con conocer a la otra persona en igualdad de condiciones. Sin embargo, apuntarle a un amor basado en amistad quiere decir que las mujeres ya no necesitan manejar los hilos del deseo sexual tal como se practica en la atracción basada en la belleza, lo que en últimas libera a hombres y mujeres para encontrarse como iguales en poderes y, con suerte, encontrar mucho en común para poder sostener una relación duradera.

[1] Robert Solomon, Love: Emotion, Myth, Metaphor, 1990 (p.62)
[2] Modesta Pozzo, The Worth of Women: their Nobility and Superiority to Men, 2007
[3] Nancy Firday, The Power of Beauty

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